VISIÓN Y MISIÓN

 

La planificación estratégica indica que el dato principal a ser integrado en la conciencia de una empresa o nación para alcanzar el éxito es el saber a dónde se quiere ir, hacia qué objetivo final será conducido el esfuerzo para lograrlo. Es la luz que ilumina el camino.

Los líderes deben canalizar las esperanzas e intereses de sus subordinados o de sus conciudadanos para construir esa visión de futuro mediante una concertación participativa de la sociedad que dirigen.

Salvo alguna excepción nuestros presidentes no han sido estadistas, no tuvieron visión ni la capacidad de convocarnos para definir qué país querríamos ser; y por eso el desorden, permanente crisis y desorientación en que nos debatimos.

De ello se han valido los poderosos para organizar y mantener un sistema corrupto, mal llamado democrático, que ha servido a sus intereses egoístas para hacerse cada vez más ricos en perjuicio de los millones de pobres que han caído en la anomia permitiendo la perpetuación y agravamiento de esta forma de explotación inhumana.

Tampoco los ricos han tenido una visión adecuada, vieron la forma de hacer riqueza en el corto y mediano plazos pero no vislumbraron los riesgos del final de tal injusticia. Aún están a tiempo, si traen de vuelta los capitales e invierten en el país para generar más empresas y trabajo, así ayudarán a construir un país solidario y de oportunidades para todos, que atraiga inversión extranjera, tecnologías y mercados; se propiciará una prosperidad que nos enaltezca, elimine la violencia y nos lleve a ser un país desarrollado.

Si acordamos de consenso la visión de ser un país del Primer Mundo en un plazo de veinte y cinco años, todos los esfuerzos se dirigirán a ese propósito, todos remaremos en esa dirección. Los gobiernos se transformarán, el actual en un gestor transitorio del cambio y los sucesivos en controladores y mantenedores del esfuerzo, siendo cada cual un peldaño que nos eleve cada vez más, en lugar de hundirnos en el abismo, como hasta hoy ha ocurrido.

Esa es la misión de un Estado, planear, guiar, propiciar, motivar, impulsar y controlar a las instituciones y ciudadanos para conducir sus esfuerzos en la dirección correcta. Para ello requiere tener una organización sistémica, coordinada, descentralizada pero eficiente y eficaz; lo cual se logra mediante un liderazgo capaz, firme y ético en cada nivel de mando, que contagie optimismo y afán de servicio, dentro de un orden regido por los valores corporativos que prestigien a cada institución.

Nuestra misión individual y de nación en esta hora es levantarnos todos, en todo el país, para exigir el cambio de modelo político, social y económico. Pero para lograrlo, las universidades, cámaras de la producción, colegios profesionales, movimiento sociales, partidos políticos, etc., deben auto-convocarse para en asambleas populares articular un proyecto político que sea nuestro mandato a los gobiernos.

Podemos ser un ejemplo para el mundo y recuperar la dignidad nacional tan venida a menos, en términos de democracia, competitividad y valores ciudadanos, en que nos dejó la robolución correista, la más corrupta de la historia.

 

 

 

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VISIÓN Y MISIÓN DEL ESTADO

UNA VEZ MÁS Y HASTA QUE SE ROMPA EL CÁNTARO INSISTIRÉ EN TOMAR CONCIENCIA DE QUE PODEMOS ORGANIZARNOS Y SER UN PAÍS VIABLE.
16.dic.97
Así como admiramos, envidiamos o emulamos a los individuos de éxito, por la visión que han tenido para culminar su vocación o para hacer negocios y tornarse ricos; como nación debemos imitar a aquellos países que han sabido vislumbrar y alcanzar grandes objetivos, que los han ubicado entre los más adelantados y poderosos de la Tierra.
Hemos de aceptar que “el dinero no lo es todo, pero como ayuda”, para mantener estable y próspera una organización, desde el matrimonio hasta las naciones y confederaciones. Claro que también es una de las mayores causas de los problemas, tanto para la administración como para la corrupción de sus componentes, cuando no hay valores, proyectos y liderazgo.
El Ecuador es reconocido por sus riquezas de todo orden, pero también por su escasa visión y capacidad para explotarlas.
A todo hacemos problema, somos pesimistas, egoístas y prejuiciados. Evidentemente razones no faltan, si no, miremos las grandes diferencias entre los que se aprovecharon del poder en cualquier época y los que se dedicaron a trabajar honradamente en su diaria tarea de construir al país.
Tenemos la última oportunidad de constituirnos como nación, inscribámonos en la nueva era como un pueblo libérrimo, digno, solidario y sobre todo trabajador.
Es indispensable cambiar hacia el positivismo, la autoestima y la fe. Basemos las esperanzas en nuestra historia y geografía y en nuestras reales capacidades, despertadas ante una gran utopía nacional.
Debemos transformar nuestra mentalidad de pobreza, mediante una visión optimista de riqueza espiritual, cultural y económica.
El Ecuador, venimos insistiendo, deberá proponerse ser un país desarrollado en un plazo no mayor de veinte y cinco años. Un Estado nacional plenamente integrado y respetado, organizado con un marco legal que garantice la excelencia en las relaciones entre poderes, entre instituciones y entre los hombres. Con justicia social, trabajo, seguridad y salud para todos.
Con iguales oportunidades de educarse y participar en el desarrollo, generación y aprovechamiento de la riqueza.
Su espíritu nacional se basará en los principios del amor, libertad y solidaridad, que llevan al servicio a los demás, como el camino de perfección humana.
La misión del Estado será: planificar, ejecutar y controlar las políticas nacionales de desarrollo y seguridad. Será un ente de servicio, basado en paradigmas de honestidad, eficiencia y eficacia; sustentado en principios y valores éticos y en la “calidad total”.
Será generador de oportunidades y co-gestor de iniciativas. Abierto a la empresa privada, dándole todo su apoyo, pero sin proteccionismo.
Su responsabilidad primordial será la de preservar las seguridades de la sociedad, la integridad del territorio y precautelar los bienes nacionales; pudiendo conceder la explotación de sus recursos naturales a entidades públicas o privadas nacionales o extranjeras, de acuerdo a las conveniencias del interés nacional y de conformidad con nuestra legislación.
Nuestros asambleístas deberán tener visión de futuro para diseñar un Ecuador próspero y romper con el pasado oprobioso e infecundo. Es hora de actitudes serenas y constructivas, de la técnica, del conocimiento, del patriotismo y de la ética.

VIALIDAD POLÍTICA

 

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICÓ HACE VEINTE AÑOS, CON ALGUNOS CAMBIOS SERÍA APLICABLE HOY O CUANDO HAYA DECISIÓN POLÍTICA

Gracias a la crisis de gobernabilidad por la que atraviesa el país en los últimos años, se está despertando la conciencia ciudadana para comprender que en la unidad está la fortaleza para superar los obstáculos a nuestro desarrollo y para consolidar un plan de acción que más allá de la coyuntura nos lleve a construir la vía nacional que nos conduzca a ser un país desarrollado.

Aprovechando la realización de la conferencia de la OEA, deberíamos manifestar frente a los delegados de los gobiernos del Continente, nuestra propuesta por un nuevo orden americano, en el que el ejercicio de la solidaridad, la cooperación, el apoyo mutuo, sean los factores que equilibren los de competitividad, libre mercado y apertura, lo cual haría de nuestro Continente un sistema integrado similar o superior al de la Unión Europea. Debería la OEA tener esa visión de futuro, de ser una comunidad integrada hasta el año 2025. Todas nuestras naciones se esforzarían para ser un conjunto de países desarrollados, incluidos en una unidad capaz de enfrentar los retos de la competencia global y neutralizar las amenazas a la seguridad continental.

En lo interno, debemos concertar un plan estratégico que haga realidad este sueño; así, los sucesivos gobiernos tendrían que cumplir las metas respectivas de ese plan, mediante la aplicación de políticas de Estado en sus programas. Además, debemos crear una democracia participativa en lugar de la representativa, mediante asambleas o cabildos locales a todo nivel, con liderazgos nuevos, con auto gestión y capacidad administrativa, con sistemas de control y rendición de cuentas, transparentes. Por otra parte, hay que apoyar la formación de proyectos productivos cooperativos, turísticos y otros, especialmente en áreas rurales para ampliar la frontera productiva y cultural, y así disminuir la migración a las ciudades, a la vez que ofrecer a los marginales de las grandes urbes una oportunidad de vida mejor en esos nuevos asentamientos.

Los movimientos sociales e indígenas que forman el espectro político de centro izquierda, están en contactos para lograr su unidad, dada la coyuntura actual de oposición al Gobierno. Pero, si esta unidad se da con mayor perspectiva y se consolida para la construcción del proyecto nacional, sería la base para estructurar las leyes y las instituciones, que pudieran hacer posible un ejercicio del poder que implante la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo como los principales agentes en la creación de una nueva sociedad, digna, incluyente, igualitaria, justa, trabajadora y optimista.

Los chaquiñanes por los que ha rodado nuestra falsa democracia hasta hoy, tienen que ser reemplazados por una amplia autopista democrática. Este Gobierno que se perdió del camino, podría encontrar un atajo, si en lugar de estar caído en el abismo, construye puentes y permite la inclusión de los principales actores del destino nacional. Si no lo hace, será su culpa.

Unidos construyamos una ruta de dignidad nacional.

VERDAD Y GOBIERNO

ESTA ERA Y ES MI IDEA DE SOCIALISMO CRISTIANO

Gandi sostenía que todos los humanos somos responsables ante nosotros mismos, nuestras familias, la sociedad y Dios o la verdad, por el uso que hagamos de los bienes, talentos y más recursos de los que hemos sido dotados.

Desde muy joven tuvo la convicción de que la verdad es Dios y prefería este concepto al establecido de que Dios es Verdad; mantenía que la verdad es la raíz del amor incondicional y de la compasión, su fe en esto a lo largo de su vida le ligó a una concreta e inviolable confianza en lo espiritual y lo ético de la humanidad, por sobre las teorías sociales e ideologías políticas. Podría bien catalogarse a Gandi como un socialista, comunista o anarquista, pero que repudiaba el materialismo, los métodos violentos, los programas utilitarios y reclamos totalitarios. Él hablaba de un socialismo del corazón.

En uno de sus últimos mensajes dijo: Les dejo un talismán, para cuando estén en duda o sea demasiado grande el interés personal, aplíquense el siguiente examen. Recuerden el rostro de los más pobres y débiles que hayan visto, y pregúntense si el paso que van a dar ayudará a redimirlos y a mejorar su situación de hambre y miseria. Así encontrarán respuesta a sus dudas y superarán sus intereses.

Pero además y quizás lo más importante, Gandi supo enseñar como Cristo, el socialista divino, con el ejemplo. Dejó atrás su profesión y bienestar para unirse a los pobres y sentir por sí mismo sus privaciones, con ello tuvo la autoridad moral para liderar a millones tras la causa de la libertad.

En un país lleno de corrupción y egoísmo como el nuestro, es necesario confiar en lo profundo del corazón de los compatriotas. Podemos redimirnos. Lo grandioso de un hombre o de un pueblo está en reconocer los errores, tomar conciencia de que es necesario un cambio radical y hacerlo con firmeza y al más corto plazo. Los “ya veremos” o “dejar para mañana”, son falsedades. Hay que afrontar la verdad con humildad y esperanza; y esa verdad nos liberará del pasado y presente ominosos que nos avergüenzan.

Hemos permitido que los intereses de la oligarquía prevalezcan, y ahora mismo se intenta mediante leyes seguir esquilmando nuestra riqueza. El Presidente debe preguntarse si las nuevas leyes van a ayudar a los pobres o los ricos; y actuar en consecuencia. Los congresistas deben responder a sus conciencias y proceder en verdad.

La gobernabilidad no pasa por el sistema presidencial o parlamentario o a medias. Pasa por su utilidad real, si favorece al pueblo o a sus opresores. Tiene que ver con hablar y hacer las cosas con credibilidad, es decir que actúe dentro de la Verdad.

Favorecer a los pobres, no se hará reactivando el aparato productivo de la caduca economía, según propugnan los expertos con bolsillos vinculados a los bancorruptos y empresaurios; sino activando una econonuestra cooperativa, según claman los técnicos que tienen vinculado su corazón a los pobres, especialmente, y al futuro viable del Ecuador.

Seamos la Verdad.

VERDAD Y CAMBIO

ES INCREÍBLE COMO SE REPITEN LOS ESCENARIOS Y LAS DECISIONES POLÍTICAS Y ECONÓMICAS EN FAVOR DE LOS MISMOS DE SIEMPRE

Creo como Robert Anton Wilson, que “el único acto verdaderamente revolucionario es decir la verdad sobre todas las cosas”, y yo añado: también es el acto de mayor lealtad y auto realización.

El país ha visto y oído muchas campañas políticas que proclamaron el cambio y hasta la revolución como su bandera de lucha, pero que luego de llegar al poder no pudieron hacerlo, o si hubo algún cambio fue para peor.

En lo que recuerdo, no hubo jamás un plan de Gobierno bien estructurado ni que se hubiera ejecutado; fueron siempre improvisaciones coyunturales de los “equipos de amigos”, quienes muchas veces actuaron en propio beneficio o para el interés de los aportantes a las campañas, como ha quedado demostrado a saciedad.

El actual Gobierno, que permanece gracias a la suerte de que el precio del petróleo subió tan alto y se mantiene en esos niveles, hasta ahora no presenta su plan respectivo, pero sí sus intenciones y compromisos con la oligarquía; ha quedado en evidencia al vetar la ley “Trole 3”, que pretendía rectificar la anterior, cuyos vagones cargados de reformas de variada naturaleza (anticonstitucional), estaban enganchados a la “entontecida” máquina privatizadora.

Este veto permitiría que, si no se declara la inconstitucionalidad de la “ley Trole 2”, quede en vigencia, facilitando que los ricos se embarquen en su anhelado “modelo” y que los demás veamos irse al último coche del tren…

Los cambios del Congreso pretendían que subiéramos todos al trole, que declarásemos por igual nuestras rentas y pagásemos en consecuencia los debidos impuestos; quiso además evitar nuevos asaltos a los bienes del Estado. Los Congresistas principalmente y el pueblo en general, deberán consolidarse para “parar el carro” a la audacia oligárquica, evitando que aproveche cualquier vericueto del camino y pretenda, aunque sea por partes, apropiarse del bien común.

La proclamada honestidad del Gobierno está oscurecida por un “ñañismo” familiar y localista, por nombrar y mantener colaboradores cuestionados, también al haber promulgado la ley “Trole 2” faltando a su palabra y a la ética; y aún por pequeñeces como aceptar condecoraciones injustificadas de gente o instituciones calculadoras. Su combate a la corrupción se queda en discursos y ya hay dudas sobre ciertas declaraciones inoportunas y a veces burdas o altisonantes, que pudieran confundir a la conciencia internacional haciéndola creer que hay persecución política a los rateros del pueblo.

La teoría de que primero hay que hacer la torta para luego repartirla, la había creído yo también por muchos años; pero al constatar el atraco bancario y la crisis empresarial, de quienes se suponía eran los hacedores de la torta pero que resultaron ser los permanentes beneficiarios del reparto; y ahora que la hicieron desaparecer, están demandando nuevos endeudamientos y apropiación de la renta petrolera para “reactivar al aparato productivo” (amasar nueva torta), mediante salvatajes, nuevos créditos, proteccionismo estatal, no-pago de impuestos, etc.; y encima amenazan con “o nos dan lo que pedimos o nos independizamos” o  “arde Troya”, todo ello indigna y obliga a alzar la voz clamando: ¡Basta de vivezas, prepotencias e injusticias! Es hora de crear riqueza sin explotación humana ni abuso de la naturaleza y menos robándole al Estado.

El Gobierno debe apoyar una organización social de verdadero capitalismo popular, mediante la expedición de leyes que la hagan viable y con recursos económicos como contra parte de créditos internacionales para activar al nuevo aparato productivo.

Proponemos establecer cooperativas que generen empresas de todo tipo, cuyos proyectos sean rentables y permitan atraer la inversión extranjera mediante asociación

UN NUEVO TRATO (A NEW DEAL)

UN NUEVO TRATO (A NEW DEAL)

Desde mediados los años noventa, en que tuve la suerte de colaborar con mi columna en el diario El Comercio, tuve el propósito de reflejar en ella cual eco ampliado el sentir y decir de los compatriotas, que angustiados lo expresaban y expresan todavía en calles, salones, redes sociales, etc. sobre los temas de inseguridad, pobreza, injusticia, corrupción y falta de valores y de visión de estadistas en la dirigencia del país.

Se señaló sin ambages, varias veces, quienes eran los culpables por acción y se reclamó un necesario mea culpa colectivo por omisión.

Se propuso insistentemente un cambio de actitud para recuperar la autoestima nacional, como lo primero y esencial para iniciar una salida del agujero negro que significan la pobreza y la ignorancia, sumadas a la indolencia, corrupción y egoísmo.

Se proclamó desde entonces, insistentemente, la necesidad de un proyecto nacional y nos atrevimos a esbozarlo y se publicó en la revista Gestión y en el libro Asamblea, Análisis y propuestas. Se recomendó a los gobiernos aplicar una metodología de planeación estratégica con participación de todos los sectores poblacionales para, en consenso, definir nuestra visión de futuro, los objetivos nacionales, definir nuestras fortalezas y debilidades, esclarecer las oportunidades, y alertarnos sobre las amenazas; para con esa base y reconociendo nuestros valores y los principios democráticos, establecer las estrategias defensivas y ofensivas que nos permitieran iniciar el despegue hacia la utopía de alcanzar el desarrollo.

De haberse ejecutado entonces ese plan de largo plazo, seguramente no habríamos tenido un gobierno dictatorial y corrupto como el de Correa; y el actual no habría tenido que dar palos de ciego mediante dos planes de reactivación económica, incluido el trole 3, en un año de gobierno; para intentar superar la mayor crisis económica y la mayor deuda de la historia. Ni tampoco habría ocurrido la reducción de la seguridad nacional a los niveles que hoy lamentamos. Tendríamos un plan de gobierno coherente y un liderazgo consolidado, que además contaría con el apoyo del pueblo a sus gobernantes, tras objetivos y metas definidas y acordadas en conjunto.

Creer en que las fuerzas del mercado por si solas harían el milagro, era y es más que un auto engaño miserable; hoy se está volviendo a creer y a poner en práctica medidas similares a las troles ya conocidas en épocas pasadas en favor de los malos empresarios que otra vez más están logrando les perdonen las deudas y les den incentivos de todo orden para lograr su reactivación y hacerse más ricos a costa del Estado. Pero poco o nada se hace para rebajar las causas de la crisis, mejorar las tazas de empleo y atender los servicios y prestaciones de salud y seguridad social.

Abanderarse bajo una postura de oposición a los procesos de modernización y solución del endeudamiento público, es un falso patriotismo, de bolsillo; y un mal cálculo político.

Es tiempo de una verdadera tercera vía, mediante un gobierno de concentración, el Presidente Moreno debe desechar de su gabinete y de la administración pública a todos los malos elementos que le restan credibilidad a su imagen y convocar a ciudadanos de experiencia y con sobra de méritos profesionales y sobre todo éticos  de otros partidos políticos o independientes y que  tengan el ánimo de servir en pro de la causa nacional, que la sabemos en peligro y por ello una vez más nos sumamos al clamor ciudadano de una necesaria rectificación.

En la “gran depresión” norteamericana de inicios del siglo anterior, el presidente americano Hoover enfrentó parecidas condiciones a las actuales del Ecuador, hizo caso a quienes le asesoraron para tener fe en el mercado y no intervino adecuadamente para controlar los factores socioeconómicos, lo que le llevó a una quiebra nacional muy dolorosa.

Su sucesor, Roosevelt, enfrentó sin temor el reto y alentó a su pueblo diciendo en su nominación: “Comprometo a ustedes y a mí mismo a un nuevo trato (“a new deal”); y declaró que el gobierno sería instrumento de servicio. Tomó medidas firmes, incrementó el gasto público y estimuló la inversión privada en empleo y obras públicas de todo orden, aumentando la deuda al doble. Bajó los impuestos, intereses, aranceles, favoreciendo la circulación del dinero. Determinó la desaparición de los bancos ineficientes y corruptos, consolidó con la reserva federal a los idóneos y les hizo cargo de todos los ahorros de la población. Dio bonos de desempleo temporales a grandes muchedumbres hasta emplearlas. Reguló estrictamente la producción y mercados, con normas que exigían juego limpio y transparencia.

Formó un “brain trust” y generó múltiples leyes que fueron aprobadas sin oposición en tiempo récord por un Congreso responsable, en jornadas continúas recordadas como “los cien días” … ¡Y salieron!

Señor Presidente, legisladores, compatriotas: asumamos nuestras responsabilidades ante la historia y nuestra conciencia.

¡Si no luchamos juntos hoy, es muy posible que no habrá mañana!

SUN TZU EN EL 2000

Sun Tzu en el 2000

José Villamil

Hay varias versiones sobre la existencia de este General chino, se supone que habría vivido entre los años 500 a 400 a. C., su pensamiento político y estratégico tiene hoy tanto vigor como en su tiempo. Los actuales estrategas militares y civiles toman en consideración su escrito “El arte de la guerra”, para el planeamiento estratégico de operaciones bélicas, así como para la actividad empresarial.

Mao Tse Tung, brillante alumno, asumió esas enseñanzas y sus acciones estuvieron íntimamente ligadas al pensamiento de Sun Tzu, habiéndolas plasmado en sus propias teorías revolucionarias; Ho Chi Min y Nguyen Giap, fueron ilustrados bajo tal ideario para conducir la resistencia en Viet Nam y vencer a sus grandes adversarios, sorprendiendo al Mundo.

Casi toda organización guerrillera adopta sus técnicas y tácticas para combatir, e incluso algunos ejércitos han incluido en sus estudios mucho de su doctrina. En nuestra Escuela de Perfeccionamiento del Ejército y en la Academia de Guerra, se publicó su libro y era lectura recomendada para el aprendizaje de ciertas materias, análisis de casos y juegos de roles.

He concordado con algunos distinguidos ex discípulos, cuán procedente es retraer tales conceptos ante la hora actual de la nación.

El primer capítulo empieza diciendo: “La guerra es de importancia vital para el Estado. Es cuestión de vida o muerte, un camino hacia la seguridad o hacia la ruina. Por tanto, no debe ser descuidado bajo ninguna circunstancia”.

Afirma: “Toda guerra está basada en el engaño. Por tanto, cuando se va a atacar se debe fingir incapacidad; cuando se es débil, demostrar fuerza; cuando estamos próximos, hacer creer que estamos distantes y viceversa. Si el enemigo es fuerte eludirlo y desgastarlo, hacerlo irritar para cegarlo. Si descansa no darle respiro, separarlo si está unido. Atacarlo cuando no esté preparado, aparecer inesperadamente”.

Insiste: “El General victorioso hace muchos cálculos en el cuartel antes de salir a luchar, quien pierde es porque ha hecho pocos cálculos”. Refiriéndose al espionaje e “inteligencia”, dice: si no se conoce al adversario ni a la propia fuerza, se perderán todas las batallas; si se conoce su propia fuerza, pero no al adversario, por cada victoria sufrirá una derrota; pero si conoce al enemigo y a su propia fuerza, no hay que temer el resultado de las batallas.

Más adelante señala: “El General (Alto Mando) es el baluarte del Estado, si el baluarte es sólido en todo, el Estado será fuerte; si el baluarte es deficiente, el Estado será débil”.

“Luchar y vencer en todos los combates no es la excelencia suprema, si no vencer la resistencia enemiga sin luchar. La más alta calidad del generalato es truncar los planes del enemigo. Los mejores guerreros primero se previenen de la derrota, estudian la oportunidad y actúan cuando se presenta, para lograr la victoria”.

Una anécdota que consta en el preámbulo de varias traducciones del libro citado, es muy importante de entender. En resumen, se refiere a que siendo Sun Tzu llamado a comandar las tropas del reino chino Wu, el rey le pidió una demostración y le sugirió que lo hiciera con personal femenino. Aceptó y formó dos unidades de jovencitas, nombrando como comandantes a las dos favoritas del rey; luego de explicar las disposiciones de los ejercicios a ejecutar, dio las órdenes, todas se echaron a reír. Dijo pacientemente: “Si las órdenes no son claras y precisas, si no se entienden, es culpa del General. Repitió la explicación, y nueva orden, otra vez estallaron en risas. Dijo entonces: si las órdenes son claras y precisas, pero no se cumplen, es culpa de los oficiales, ordenó luego decapitar a las comandantes y sustituirlas por las siguientes. El rey se opuso, pero Sun Tzu replicó “hay órdenes que como General no se pueden aceptar del gobernante”, y las ejecutó. Cuando reinició los ejercicios no hubo una equivocación y todo se hizo en el mayor silencio y disciplina. Mandó entonces un mensajero a comunicar del resultado al rey, el cual contestó que no tenía ánimo para inspeccionar las tropas. Sun Tzu volvió a hablar calmadamente: “Veo que su alteza solamente gusta de las palabras y no las puede traducir en hechos concretos”.

Enfrentamos dos guerras: contra la pobreza, corrupción y oligarquías con “troles” ex profeso; y contra la narcoguerrilla que se atrevió a incursionar.

El Gobierno debe decidirse: ¿Palabras o acción?