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LOS SUEÑOS y el DESPERTAR de CONCIENCIA

 

Hace casi cuarenta años, empecé a interesarme en el yoga y la meditación, en una lectura aprendí que en la India y en el Tíbet había monjes budistas que practicaban el yoga Nidra, que consiste en estar conscientes durante el sueño profundo y así lograr limpiar la mente de todas las ataduras o limitaciones que impiden un mejor y más rápido desarrollo espiritual.

Mientras navegaba en el Internet investigando los varios métodos de meditación, encontré que en Estados Unidos, Brasil y Europa principalmente, había centros de investigación del sueño, donde mediante los llamados sueños lúcidos procuran lograr estadios de superación mental, espiritual y parasicológico espectaculares. Son además estos sueños lúcidos una preparación hacia los niveles superiores de conciencia donde se puede lograr salir del cuerpo a voluntad (OBE en inglés: Out of body experiences) y explorar regiones de otros planos de existencia u otras dimensiones y realidades que la ciencia apenas está avizorando a través de la física cuántica.

Además, hay estudios realizados en muchos hospitales del mundo donde se ha puesto interés en las llamadas experiencias cercanas a la muerte, dado que muchos pacientes que murieron clínicamente pero luego de procedimientos de resucitación asistida con electro shock y otros medios médicos volvieron a la vida; y cuyas historias clínicas repiten documentadamente muy similares características de lo que recuerdan los pacientes en esos momentos que estuvieron clínicamente muertos.

Curiosamente esos episodios de ver un túnel y una luz al final, luego el encuentro con personas ya fallecidas y finalmente un encuentro con Dios, o Jesús o Buda, o de acuerdo a sus creencias con un ser de luz, con el cual analizan lo que fue la vida en la tierra y luego regresan muy a su pesar a lo que llamamos vida, pues en el lugar en que estaban había mucha luz acariciante y una infinita paz que reflejan la vida eterna.

La doctora Elisabeth Kubler-Ross en su libro “La muerte al amanecer” establece con suma claridad su trabajo científico apoyado en una larga observación a personas en estado terminal, de toda raza, edad y condición durante muchos años; y basada en su propia experiencia inducida mediante procedimientos especiales con la técnica del doctor Monroe logró salir del cuerpo y experimentar un despertar de conciencia o una conexión con la súper conciencia que en esta altura de los tiempos de angustia, terror y caos que vivimos, puede ser una maravillosa forma de redimirnos como individuos y salvar al planeta.

Hace muchos años, yo pasaba por un momento de crisis existencial, alguien me presentó un amigo casual, el cual me invitó a visitar su casa y allí me dijo que solía salir al plano astral para ayudar a otros en sus problemas o aspiraciones; me quedó la curiosidad, pero sólo eso. No intenté nada hasta hace unos pocos años. Los procesos de meditación habían logrado ir sensibilizando mi comportamiento y girando mi atención hacia aspectos menos materiales.

Ya he narrado en otros relatos que estando en Gualaquiza a donde me destinaron como castigo por mis varias observaciones o reclamos al mando militar, una noche después de unas horas de dormir profundamente, soñaba que corría por un sendero en la selva, de repente al dar una curva muy rápido perdí el control yendo a estrellarme contra la base de un gran árbol de color plomizo verdoso pero que al chocarlo en lugar de golpearme me hundí en su interior que me acogió como una esponja. Me dije en el sueño que es esto y alcé los ojos para tratar de captar lo que era, vi que el árbol era altísimo, interminable; no podía ver ramas sólo el tronco infinito, de pronto empecé a sentir una vibración que comenzó en los pies y que se desplazó con cierta rapidez a lo largo de todo el cuerpo hasta alcanzar la cabeza, fue tenue al inicio, pero aumentó gradualmente hasta hacerse muy violenta y sacudía todo mi cuerpo. Me dije estoy muriendo, oía mi corazón galopar debocado, no podía moverme, intenté gritar y no podía. Luego de un rato pasó el tremor y las vibraciones fueron cada vez menos fuertes hasta desvanecerse, pero de inmediato empecé a sentir un gozo inenarrable un calor maternal y una sensación de amoroso abrazo. Volví a pensar estoy muriendo e intenté varias veces levantarme o por lo menos despertar. Al fin logré abrir los ojos, pero al estar despierto seguí sintiendo ese éxtasis inexpresable en palabras. Me puse de rodillas con un llanto y risa involuntarios e incontenibles dando gracias por la experiencia que estaba viviendo mientras seguía el espasmo emocional que parecía no tendría fin… Luego de varios minutos, quizás una hora me había quedado dormido.

 

 

No pretendo ni de lejos tratar de interpretar o intentar deducir eventos o efectos que pudieran relacionarse con los sueños. Hay muchas personas que se dedican a ello, pero no he consultado jamás sobre este tema, sólo quisiera decir que hay literatura que de a poco va abriendo camino en la investigación científica sobre qué son los sueños, su significado, porqué soñamos y acaso para qué. Casi todas las escrituras sagradas hablan de los caudillos y profetas que recibieron en sueños o meditación profunda las instrucciones para comunicar a los pueblos los mandatos de Dios. Moisés y los Diez Mandamientos, Mahoma y su reglamento llamado El Corán. Buda luego de su meditación de cuarenta y nueve días seguidos despertó y comunicó a sus seguidores el Darma. En la edad media son muy conocidos los fenómenos paranormales de san José de Cupertino, la santa Teresa de Jesús y del sacerdote San Juan de la Cruz, quienes en estado de éxtasis levitaban en medio de los presentes y volaban hasta topar el tumbado o hasta el pie del altar de la iglesia…

Grandes sabios, científicos y artistas encontraron en la ensoñación o meditación o en los sueños, las inspiraciones para sus teorías, inventos u obras. Dicen que Einstein tuvo una visión de un tren acelerando en el espacio y entendió su teoría de la relatividad, el visionario Tesla podía ver en su mente hasta el último detalle y tamaño de los componentes de sus máquinas. Beethoven y Mozart escuchaban en su interior las magnas sonatas o piezas musicales y luego las escribían para legarlas y que hasta hoy perduran para nuestro deleite.  []

Dejé de preocuparme de este tema por un tiempo y al revisar los archivos en la computadora para darle mayor eficiencia a su funcionamiento me topé con un relato de hace unos años y que lo había olvidado pero que ahora viene al cuento. Lo transcribo a seguir:

LA BÚQUEDA INTERMINABLE

Vivo en medio de un cajón de montañas verdes tapizadas con sembríos de cereales y pastizales que le dan la apariencia de telas escocesas multicolores arrugadas, bordadas con hileras de árboles y manchadas con dispersos pequeños bosques de eucaliptos oscuros. Los bordes de la trama se doblan cayendo por las vertientes en cuyos fondos se ven aguas cantarinas que bajan bailando alegres al ritmo de las piedras acomodadas cual marimbas sucesivas desde las altas cumbres, cuyas nieves se confunden entre las nubes de las tardes, pero que en las mañanas sonríen luminosas por ser las primeras en recibir el saludo del nuevo sol a la ciudad de Quito, población que se extiende en escalada  incansable hacia las cumbres con sus casas coloridas de techos rojos que avisan hasta qué altura se atreve la gente necesitada para establecer su morada.

Aquí, en el altiplano, despierta cada día la ilusión de los habitantes que se levantan para un día más de labores.

Miro desde la azotea del edificio en que vivo, mientras camino y hago el ejercicio mañanero, como se incrementa por minutos el tráfico que sale de la urbanización hasta hacerse un río bullicioso y tumultuoso de carros en su enloquecida búsqueda del desfogue vehicular. Presionan los pitos al semáforo que parece eterno al cambiar de luces de roja a verde y casi instantáneo al volver al rojo. Se pueden adivinar los pensamientos de los apurados conductores y demás ocupantes de los autos mientras nerviosos terminan sus arreglos y afeites personales, el maquillaje ellas, la corbata ellos, el peinado todos; y hasta hay muchos que toman el desayuno en medio de improperios al quemarse con la negra bebida ante el movimiento intempestivo de la columna.

Me pregunto mientras meto un chorro de aire en los pulmones, porqué tanto afán y apuro, si al fin llegarán a sus rutinas y luego volverán cansados, tensos, con parecida y hasta con mayor premura al caer la tarde, ansiando sus hogares, sus seres queridos, la televisión, las noticias, las novelas y el descanso nocturno. Yo ya estoy jubilado y me parece tan lejos el haber sido parte de esa trifulca que casi he olvidado los sueños, las esperanzas, los miedos, los pretextos, los amigos, los rivales, los ascensos, las responsabilidades, las reuniones, las fiestas, las ceremonias, los aumentos de sueldos, los viáticos, viajes, auto con chofer y seguridad a la puerta. Mientras camino y acelero el paso, pienso y por más que intento afirmar mi atención en el ejercicio en que me encuentro, más vuelven con fuerza los recuerdos. Lo que se hizo, lo que pudo haberse hecho, lo que dejó de hacerse, lo que no debí haber hecho y lo que quedó en sueños. Y por qué no, promesas de intentar de nuevo, de buscar un empleo, de salir del encierro, de sentirme útil otra vez. Promesas al viento, sólo algunas ideas quedan flotando delante y tras de mi traje calentador de invierno. Desisto, me rindo al cansancio, me detengo, luego me acuesto en el suelo. Dejo correr los ojos buscando entre las figuras de las nubes y en el propio azul del cielo, no hay nada especial que no sean las tenues nieblas que en rebaños van pasando, Nada pasa en este país que no sea la línea equinoccial, me asalta al pensamiento, con penosa ironía, pero insisto en observar y me canso la vista sin que asome lo que yo desde siempre busco, espero y casi desespero. Pido una respuesta que venga de lo alto, una sola palabra, un gesto, una sombra, un murmullo somero, un algo, una luz, un ovni acaso, quizás escuchar que alguien me cante la nana y me deje allí rendido, talvez muerto… Hartado de mirar y esperar siento que me duermo.

Sueño creo o estoy a medias despierto. Mi madre se acerca y me dice quedo, calma querido, he aquí que he vuelto, te acompañaré un rato y luego te dejo. Su sombra familiar me dice por entero que es un sueño de verdad, pero tan verdadero que siento su mano pasar cariñosamente por mi pelo. Sus ojos claros y su tez morena reflejan esa paz que tanto anhelo. Su sonrisa alegre es casi un decir: hijo, te quiero. Intento abrazarla, pero no me muevo, me pesa tanto el cuerpo, estoy yerto. Estoy meditando profundo me digo o es un sueño vívido como he leído en los sitios del Internet de espiritualidad y asuntos paranormales de que está lleno. Me dejo ir entonces y me digo que sea lo que sea, pase lo que pase y llegue a donde llegue, añado, que se haga tu voluntad Oh Eterno. Todo ello me oigo decir y me interno cada vez más profundo en la oscuridad del túnel azul añil que aparece dentro de mi propio yo, pero que a la vez me envuelve entero. Dejo de oír el ruido externo, apenas escucho un zumbido que en el oído derecho aparece tenue y va creciendo, similar al ruido del viento en los árboles, pero más susurrante y lento, luego se escuchan trinos de pájaros y qué extraño, hasta hay remotos tonos de aguas cayendo en cascadas en un arroyuelo. Mi atención se afina y de repente se escucha un lejano trueno que se acerca a momentos, mientras brilla en mi mente un fulgor que a intervalos desparece para volverse cada vez más intenso. Se mezclan los colores del arco iris en manchas difusas, rayos, formas armoniosas, pero sin concierto, espirales deformadas como la lluvia por los vientos, estrellas fugaces que estallan justo al instante que parece chocarán en mi rostro, ondas entrecruzadas que hacen boom en silencio. Me he quedado sin habla, sin poder articular siquiera el pensamiento. Todo es espacio lleno y vacío a un tiempo. Vibro yo en todo mi cuerpo, el ruido en los oídos ha pasado de ser un terremoto y trueno a un dulce cántico de las estrellas en concierto. Quedo embelesado y mil veces muerto. No hay salida, no hay inicio, no hay espacio, no hay tiempo. No hay preguntas, pero allí están todas las respuestas. Me da espasmo al sólo contacto con el universo, grito y retumba mi voz en el silencioso espacio infinito: ¡Soy eso! No veo, no siento, sólo sé que lo soy. Soy parte del proceso, de qué no lo sé, pero estoy cierto. Curiosa polivalencia infinita de saber y no saber lo que es, lo que ha sido y será. Desde la cúspide de la cima y a la vez desde el fondo de la sima se ve y se comprende todo, pero más, se es uno con El y su gran sueño. Sueña Él y sueño yo, los dos somos y hacemos un mismo sueño. ¡La vida es eso!

Ha pasado un minuto o dos, creo, de pronto me agito, me revuelvo, quiero gritar, quiero despertar y despierto. Me froto los ojos con fuerza queriendo lanzar lejos el sueño en que había caído. La luz es demasiado fuerte y me obliga a tener los ojos entreabiertos, ya me acostumbro a la claridad de la mañana que a pesar de estar en la mitad del mundo es aún fresca. Miro a mi alrededor el barrio está allí, los pequeños bosques también, me digo he vuelto, pero no todo es igual hay algo incierto. Hay más luz, el mundo es más verde, el cielo más azul y etéreo, hay calma en el aire, la poca brisa casi no la siento, sin embargo algo me dice que es una caricia que siempre hubo pero que en la locura de vivir, como mis vecinos que buscan riqueza, poder y felicidad, al igual que yo busqué y lo alcancé en buena medida a mi tiempo, pero que no había sido eso lo que buscaba siempre; sabía que me faltaba algo, lo intuía y por eso lo procuré encontrar en varias iglesias religiones, sectas, prácticas, lecturas sagradas, etc.; habiéndome transformado en un buscador casi perpetuo.

Ahora lo sé, acaso existan muchos otros más que lo hayan descubierto.

Ahora sé que hay algo que está esperando a ser encontrado por todos y que todos pueden hacerlo, sólo que la búsqueda es muy difícil si se empeña uno en hacerlo en el mundo, fuera de sí mismo…

He terminado mi búsqueda, tengo el corazón contento. Hay más luz en mis ojos, veo con admiración y amor las plantas, las flores, todo lo que miro alrededor y lo que encuentro al paso, incluso el suelo, los volcanes nevados que se ven desde este mirador se ven más cerca, más grandes y eternos; la gente sonríe, mi esposa está cantando mientras trabaja adentro. Voy de regreso al interior de mi departamento, pero esta vez llevo algo muy profundo en el fondo del alma, voy por primera vez totalmente despierto. He entendido el propósito de todo el universo, he visto a Dios, ya no es un secreto a voces que es posible verlo. En esta vida estamos para realizar a Dios, más pronto o más tarde o en el momento decisivo del paso a un nuevo reencuentro, todos lo haremos y más vale que nos preparemos para ello.

NOTAS:

“La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades solo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión”. Dicho por A. Einstein

“Durante años, la idea de que cada uno de nosotros es solamente una parte del todo ha sido proclamada en las consumadamente sabias enseñanzas de la religión, probablemente no solo como significado de asegurar paz y armonía entre los hombres, sino como una verdad hondamente fundada. El budista expresa esto de una manera, el cristiano de otra, pero ambos dicen los mismo: Todos somos uno”.  Dicho por Nikola Tesla

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