LA DEMOCRACIA NO HA SIDO NI ES LA SOLUCIÓN

 

Desde el inicio de la República, el Ecuador intentó funcionar como democracia, con muchas limitaciones y llena de irregularidades promovidas por los intereses de los poderosos de cada época.

Tras muchos avatares llegamos al final del siglo XX con un periodo democrático que se prolonga hasta hoy y que nos debería hacer sentir orgullosos de ser demócratas, pero en el fondo de nuestras conciencias sabemos que hemos ido de fracaso en fracaso; y si bien nos libramos medianamente de una falsa democracia que ha sido hoy definida por los hechos, ya juzgados en los tribunales de justicia, como una corruptocracia autoritaria, todavía hay muchos rezagos de autoritarismo y corrupción en las funciones del Estado y que no permiten ejercer un poder real al pueblo y sus representantes, sea por miedo o por intereses creados a veces hasta inconfesables. Lo peor de esta situación es que una buena parte del pueblo ha dejado apagar su consciencia cívica y sus derechos humanos, allanándose a un grupo de cínicos que se conjugaron en movimiento político y que actuaron como una mafia o banda de ladrones para atracar los dineros del erario nacional y los valores morales de la nación ecuatoriana; y con ello han robado la esperanza en el futuro ante un gran endeudamiento y crisis de todo tipo de valores económicos, políticos, culturales y éticos.

El futuro requiere grandes cambios, pero una democracia apenas formal, de papel, de intereses y de partidos no ofrece, no puede ofrecer un verdadero cambio y un progreso de la sociedad, ni de la realidad en que deberá desenvolverse para alcanzar su bienestar.

Ante esta inquietud recordé un pensamiento de Churchill que dijo: “muchas formas de gobierno han sido probadas y se probarán en este mundo de pecado e infortunio, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto todas las demás.” Y en otra ocasión habría dicho que “el éxito es ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.”

En horas de la madrugada meditando en el final de la existencia y lo que dejamos como herencia, me vino a la mente el reflexionar sobre este tema y llegue a la conclusión de que debería haber otro modo de organizar y regir a las sociedades. El origen de todos los males me dije proviene de la falta de control del ego personal y colectivo. Recordando al Buda concordé en lo que dijo: pero hay una salida y es lograr que cada ser humano deponga sus ambiciones y egolatría en aras del servicio desinteresado a los demás y con ello lograr la alegría y felicidad en la vida. Reconozco que esto es muy difícil de lograrlo por estar tan íntimamente afincado en nuestras conciencias.

De todos modos, me repetí, de ser posible un cambio social, debería ser mediante un cambio de conciencia, para así lograr una concienciocracia en lugar de esta manida democracia de unos cuantos.

Esta apertura de conciencia personal y social, debe iniciarse y pese a críticas y oposición, sin temor a los fracasos, debe persistirse en los sistemas educativos hasta lograrlo y así tener una nueva sociedad y nuevos líderes con conciencia plena de sus responsabilidades y papel histórico en la construcción de un verdadero y edificante proyecto nacional.

En el blog “Un mundo para ser el Ser” coincidencialmente encontré algunas anotaciones que me parece son necesarias para completar estas ideas.

Bajo el título: “De la democracia a la concienciocracia”, el autor expone lo siguiente:

“En la actualidad, la democracia se ha convertido en una “tiranía” de inconscientes, ignorantes y/o indiferentes; es decir, de mayorías formadas por intelectuales ensoberbecidos, instintivos embrutecidos y emocionales todos ellos regidos por su No-Ser, su personalidad.

De hecho, como Humanidad, nunca hemos llegado a experimentar una verdadera democracia, entre muchas razones, la principal, que consiste en que la democracia para que sea real, debe ser ejercida en la veracidad por y para un pueblo consciente, tanto más como individuos que como colectivo.

Si la democracia sirviera para elevar a los más sabios, nobles y valientes a las posiciones de liderazgo, el mundo cambiaría en una generación. Pero el “pueblo” se solaza en su ignorancia e inconsciencia, y entre sus miembros más “cualificados” (pícaros, añado yo), se enseñorea la soberbia, el orgullo y la vanidad, incapacitándoles de la humildad necesaria para reconocerse y reconocer. Y así sucede que los mejores, los más conscientes y concientes, son ninguneados, burlados e incluso criminalizados por unas masas cada vez más embrutecidas, adormecidas y mecanizadas.”

La Asociación de Generales y Almirantes es una entidad apolítica, pero tiene la obligación de ser patriótica y cívica, debe empezar a ser parte de esta siembra de conciencia individual y colectiva, tanto con su ejemplo individual e institucional, como por sus valores y participación de sus miembros en la sociedad. La apertura de una página web o su activación es una feliz iniciativa del actual Directorio, por lo cual le expreso mi felicitación y mejores augurios.

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